Toda tu vida estuvo dedicada a una noble misión: enseñar. Como maestra de Kindergarten y profesora de Educación General Básica, Mención Música, entregaste a cientos de niños el maravilloso regalo de descubrir, amar y sentir el arte de entrelazar sonidos, de hacer de la música una forma de expresión, de belleza y de encuentro.
En el histórico puerto de Iquique dejaste una profunda huella. Muchos de tus alumnos llegaron a ser destacados profesionales en distintas áreas y, entre ellos, varios encontraron en el arte y en la música el camino de sus vidas.
Como hijo, siempre admiré tu gran belleza, tus hermosos ojos pardos, tu inteligencia y, especialmente, ese maravilloso don musical que llevabas en el alma.
Gracias, madre querida, porque desde muy temprana edad me enseñaste a dirigir orquestas rítmicas mediante el famoso método Orff, y también me entregaste la maravillosa experiencia de dirigir coros de niños y adultos.
Hoy, con profundo orgullo y emoción, dirijo los Coros de Cámara y Voces Blancas del Teatro Municipal de Iquique. Y sé que, desde el cielo, junto a mi amado padre —también un gran y reconocido educador—, ambos me acompañan, me cuidan y me guían por este hermoso camino que ustedes sembraron en mi corazón: el arte de entrelazar sonidos y convertirlos en música.
En este día tan especial, quiero decirte cuánto te amo y cuánto agradezco haber sido tu hijo y haber recibido de ti un legado que trasciende generaciones.
Tu enseñanza permanece viva en cada nota, en cada voz, en cada niño que descubre la magia de la música y en cada escenario donde tengo el privilegio de dirigir.
Eternamente agradecido, madre mía.
Siempre vivirás en mi corazón.
Con todo mi amor y admiración,
A la más bella Maestra de Música.
Tu hijo,
Músico-Director
Gonzalo Calle Recabarren.










